"El primer fracaso del lenguaje es su ausencia. Dije antes que el silencio puede ser antesala de la serenidad, pero ahora me estoy refiriendo a la ausencia del lenguaje. Con el silencio sucede lo mismo que con la soledad. Puede considerarse una situación real -no hablar o no estar acompañado-, puede considerarse un logro, y puede considerarse una carencia cuando se necesita o se espera una compañía o una palabra, y no aparecen. El silencio en las parejas es un fenómeno tan constante que merecería todo un tratado de lingüística, que, no se lo oculto, me gustaría escribir. Hay muchas parejas que desearían hablar, pero a las que no se les ocurre nada. Este bloqueo de ocurrencias, es decir, esta resistencia que la inteligencia computacional ofrece a nuestros deseos, constituye un dramático fracaso. Si la abundancia del corazón abre la boca, la sequedad de corazón la cierra. Hay un terrible poema de Jacques Prévert que condensa esa situación:
Las ocurrencias, como dije antes, proceden del campo del deseo. Las parejas taciturnas suelen volverse locuaces cuando les acomete un deseo. El de hacer daño, por ejemplo. La furia y el rencor son elocuentes. O también cuando, en sociedad, se desea causar buena impresión. Cualquier plomo doméstico puede entonces convertirse en "placer en casa ajena". Hay sentimientos que bloquean el lenguaje. El aburrimiento es uno de ellos. También el miedo. John Gottman, de la Universidad de Washington, que se ha dedicado durante treinta años a estudiar las causas de los fracasos matrimoniales, ha señalado cuatro etapas en el deterioro de la comunicación conyugal: las críticas, el desprecio, la actitud defensiva, la actitud evasiva. Estas dos últimas son silenciosas." José Antonio Marina |