Si reduzco el consumo o dejo de beber
bruscamente, noto molestias como temblor, náuseas, ansiedad, irritabilidad...
Cada vez soy más capaz de “aguantar”
el alcohol, sin llegar a notar los efectos de la embriaguez.
Me esfuerzo por beber moderadamente,
e incluso lo he intentado dejar, pero no lo consigo.
Me resulta difícil mantener el ritmo
de mis ocupaciones, en casa y/o en el trabajo, y esto provoca
alteraciones importantes en mis actividades sociales y recreativas.
Tengo problemas para mantener la concentración
y me cuesta organizarme.
Si marcó más de uno de estos síntomas
puede ser que padezca un problema de Alcoholismo.