F51.0 Insomnio no orgánico
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Estado caracterizado por una cantidad o calidad del sueño no satisfactorias,
que persiste durante un considerable período de tiempo. La diferencia
con lo que se considera habitualmente como cantidad normal de sueño
no debería ser el elemento principal para un diagnóstico de insomnio
dado que algunos individuos (con escasas necesidades de sueño) duermen
una cantidad mínima de tiempo y no se consideran a sí mismos como
insomnes. Por otro lado, hay enfermos que sufren intensamente a
causa de la mala calidad de su sueño, mientras que la cantidad del
mismo es valorada subjetiva u objetivamente como dentro de límites
normales.
Entre los insomnes la queja más frecuente es la dificultad para
conciliar el sueño, seguida de la de mantenerlo y la de despertar
precoz. Lo característico es que se presenta tras acontecimientos
que han dado lugar a un aumento del estrés vital. Tiende a prevalecer
más entre las mujeres, los enfermos de edad avanzada y aquellas
personas con trastornos psicológicos o que se encuentran en mala
situación socioeconómica. Cuando se sufre repetidamente de insomnio
se desencadena un miedo creciente a padecerlo y una preocupación
sobre sus consecuencias. Esto crea un círculo vicioso que tiende
a perpetuar el problema del enfermo.
A la hora de acostarse los enfermos con insomnio cuentan que se
sienten tensos, ansiosos, preocupados o deprimidos y como si carecieran
de control sobre sus pensamientos. Frecuentemente dan vueltas a
la idea de conseguir dormir lo suficiente, a problemas personales,
a preocupaciones sobre su estado de salud o incluso sobre la muerte.
A menudo intentan mitigar esta tensión con la ingesta de fármacos
o de alcohol. Por la mañana suelen quejarse de sensación de cansancio
físico y mental y durante el día están deprimidos, preocupados,
tensos e irritables y obsesionados consigo mismos.
Los niños dicen a menudo que tienen dificultades para dormir cuando
en realidad el problema consiste en dificultades de las costumbres
y normas de acostarse (más que en un trastorno del sueño por sí
mismo). Los problemas relacionados con la hora de acostarse no se
codifican aquí sino en el capítulo XXI de la CIE-10 (Z62.0, control
supervisión parentales inadecuados).
Pautas para el diagnóstico
a) Quejas que suelen consistir en dificultades
para conciliar el sueño o para mantenerlo o sobre una mala calidad
del mismo.
b) Dicha manifestación se ha presentado por lo menos tres
veces a la semana durante al menos un mes.
c) Preocupación excesiva, tanto durante el día como durante
la noche, sobre el hecho de no dormir y sobre sus consecuencias.
d) La cantidad o calidad no satisfactorias del sueño causa
un malestar general o interfiere con las actividades de la vida
cotidiana.
El insomnio es un síntoma frecuente de otros trastornos mentales
tales como los trastornos del humor (afectivos), neuróticos, orgánicos,
debidos al consumo de sustancias psicotropas, esquizofrénicos
y de la conducta alimentaria, o de otros trastornos específicos
del sueño tales como pesadillas. Asimismo, el insomnio puede acompañar
a trastornos somáticos en los que haya dolor o malestar o al consumo
de ciertos medicamentos. Si el insomnio se presenta como uno solo
de los múltiples síntomas de un trastorno mental o de una enfermedad
somática, por ejemplo, y no predomina en el cuadro clínico, el
diagnóstico debe ser únicamente el del trastorno mental o somático
subyacente. También tienen primacía diagnóstica otros trastornos
del sueño tales como pesadillas, trastornos del ciclo sueño-vigilia,
apnea del sueño o mioclonus nocturno, aún cuando tengan como consecuencia
un deterioro de la cantidad o calidad del sueño. No obstante,
en todos estos casos, si el insomnio es una de las molestias más
importantes y es percibido como un trastorno en sí mismo, deberá
codificarse como tal a continuación del trastorno principal.
F51.1 Hipersomnia no orgánica
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Estado bien de excesiva somnolencia y ataques de sueño diurnos
(no justificables por una cantidad inadecuada de sueño nocturno)
o bien de un periodo de transición prolongado desde el sueño hasta
la vigilia plena tras el despertar. En ausencia de factores orgánicos
que expliquen la somnolencia, este trastorno suele acompañar a otros
trastornos mentales. A menudo suele ser un síntoma de un trastorno
del humor (afectivo) generalmente depresivo (F31.3, F31.4 ó F31.5),
de un trastorno depresivo recurrente (F33.-) o de un episodio depresivo
(F32.-). Otras veces, no obstante no se pueden reunir pautas suficientes
para efectuar un diagnóstico de otro trastorno mental a pesar de
que se tiene la evidencia de que existe un cierto grado de psicopatología.
Algunos enfermos establecen por sí mismos la relación entre su
predisposición a dormirse en momentos poco adecuados y ciertas experiencias
cotidianas poco agradables. Otros niegan que exista tal relación,
incluso cuando un médico experto las haya podido identificar. En
otros casos no se pueden identificar con certeza factores emocionales
u otros factores psicológicos pero la ausencia de factores orgánicos
sugiere que el hipersomnio es con toda probabilidad de origen psicógeno.
Pautas para el diagnóstico
a) Excesiva somnolencia o presencia
de ataques de sueño diurnos no justificables por una cantidad
inadecuada de sueño o bien un período de transición prolongado
hasta el estado de vigilia completa tras el despertar.
b) Este trastorno del sueño se presenta diariamente durante
más de un mes o durante períodos recurrentes de duración más corta
y causa molestias intensas o interfiere las actividades de la
vida cotidiana.
c) No hay síntomas secundarios de narcolepsia (cataplegia,
parálisis del sueño, alucinaciones hipnagógicas) ni evidencia
clínica de una apnea del sueño (interrupciones de la respiración
nocturna, ronquidos intermitentes característicos, etc.).
d) Ausencia de cualquier alteración neurológica o médica
uno de cuyos síntomas pueda ser la somnolencia.
F51.2
Trastorno no orgánico del ciclo sueño-vigilia
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Falta de sincronización entre el ritmo de sueño-vigilia individual
y el deseable en el entorno en el que se desenvuelve el enfermo,
lo que ocasiona una queja de insomnio nocturno o de sueño durante
el día. Este trastorno puede ser psicógeno o de origen presumiblemente
orgánico, según el peso relativo de uno u otro tipo de factores
condicionantes. Los individuos con ciclos de sueño-vigilia desorganizados
y variables presentan con frecuencia un grado considerable de psicopatología,
por lo general relacionada con diversos trastornos psiquiátricos
tales como trastornos de la personalidad y trastornos del humor
(afectivos). En enfermos que tienen que cambiar de turno de trabajo
o viajar con frecuencia con cambios de horario, la alteración de
los ritmos circadianos tiene un carácter básicamente biológico,
aunque también puede existir un fuerte componente emocional añadido,
ya que dichos individuos suelen tener que soportar un estrés considerable.
Por último, en algunos individuos se produce un adelantamiento en
la fase de sueño-vigilia deseada, lo que puede ser debido tanto
a un mal funcionamiento intrínseco del oscilador circadiano (reloj
biológico) del enfermo, como a un procesamiento anormal de las claves
temporales que sincronizan los relojes biológicos (este último caso
puede estar de hecho relacionado con alteraciones cognoscitivas
o emocionales).
Pautas para el diagnóstico
a) El patrón de sueño-vigilia del individuo
no está sincronizado con el horario de sueño-vigilia deseado,
las necesidades sociales y que comparten la mayoría de las personas
de su entorno.
b) Como consecuencia de este trastorno el individuo experimenta,
casi todos los días al menos durante el mes previo o de manera
recurrente en períodos de tiempo más cortos, insomnio a lo largo
de la mayor parte del período de sueño y sueño durante el período
de vigilia.
c) La cantidad, la calidad y el ritmo no satisfactorios
de los períodos de sueño causan un gran malestar o interfieren
las actividades de la vida cotidiana.
Incluye:
Inversión del ritmo circadiano psicógena.
Inversión del sueño psicógena.
Inversión nictameral psicógena.
F51.3 Sonambulismo
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Estado de disociación de la conciencia en el que se combinan fenómenos
propios del sueño y de la vigilia. Durante un episodio de sonambulismo,
el individuo se levanta de la cama, por lo general durante el primer
tercio del sueño nocturno y deambula, presentando un bajo nivel
de conciencia, una escasa reactividad a estímulos externos y una
cierta torpeza de movimientos. En general, el sonámbulo abandona
el dormitorio y puede llegar a salir de su casa, y por lo tanto,
durante estos episodios, se expone a un considerable riesgo de lesionarse.
Sin embargo, por lo general suelen volver tranquilamente a su casa
por sí mismos o bien dirigidos suavemente por otras personas. Cuando
se despiertan, ya sea tras el episodio de sonambulismo o a la mañana
siguiente, no suelen recordar estos hechos.
El sonambulismo y los terrores nocturnos (F51.4) están estrechamente
relacionados. Ambos son considerados como trastornos de los mecanismos
del despertar y se presentan fuera de las etapas más profundas del
sueño (estadios III y IV). Muchos enfermos tienen antecedentes familiares
o personales de cualquiera de estos trastornos. Además, ambos son
mucho más frecuentes en la infancia, lo que pone de relieve el papel
que juegan en su etiología factores ligados al desarrollo. Asimismo,
en algunos casos el comienzo de estos trastornos coincide con una
enfermedad febril cuando persisten o se presentan por primera vez
en la madurez, ambos tienden a estar relacionados con trastornos
psicológicos importantes. Debido a las semejanzas clínicas y patogénicas
entre el sonambulismo y los terrores nocturnos y al hecho de que
el diagnóstico diferencial entre ambos trastornos consiste normalmente
en determinar cuál de ellos predomina, recientemente se considera
que forman parte de un espectro nosológico común. Pese a todo y
con el fin de mantener la clasificación tradicional y a la vez que
para destacar las diferencias de su expresión clínica, se proporcionan
claves separadas para su codificación.
Pautas para el diagnóstico
a) El síntoma predominante es la presencia
de episodios repetidos de levantarse de la cama durante el sueño
y deambular durante unos minutos o hasta media hora, normalmente
durante el primer tercio del sueño nocturno.
b) Durante el episodio el individuo tiene la mirada en
blanco, no responde plenamente a los esfuerzos de los otros para
modificar su comportamiento o comunicarse con él y resulta muy
difícil despertarlo.
c) Al despertarse del episodio o a la mañana siguiente,
el individuo no recuerda nada de lo sucedido.
d) Al cabo de unos minutos de haberse despertado tras un
episodio no se pone de manifiesto deterioro alguno en la actividad
mental o en el comportamiento, a pesar de que puede darse, inicialmente,
un breve período de tiempo en el que haya cierta confusión y desorientación.
e) No hay evidencia alguna de un trastorno mental orgánico,
tal como una demencia o una epilepsia.
F51.4 Terrores nocturnos
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Episodios nocturnos de pánico y terror intensos que se acompañan
de gritos, movimientos bruscos y fuertes descargas vegetativas.
El individuo se levanta o se incorpora dando un grito de pánico,
normalmente durante el primer tercio del sueño nocturno. Con frecuencia
se precipita hacia la puerta como tratando de escapar a pesar de
que rara vez llega salir de la habitación. Los esfuerzos de los
demás para modificar esta situación pueden, de hecho, producir un
temor más intenso, puesto que el individuo no sólo es incapaz de
responder a ellos, sino que además puede estar desorientado durante
algunos minutos. Al despertarse no suele recordar el episodio.
Debido a estas características clínicas los afectados tienen un
gran riesgo de lesionarse durante estos episodios. Los terrores
nocturnos y sonambulismo (F51.3) están estrechamente relacionados
entre sí. Ambos trastornos comparten las mismas características
clínicas y fisiopatológicas y los factores genéticos, de desarrollo,
orgánicos y psicológicos juegan un papel importante en ambos. Debido
a sus muchas semejanzas, ambos trastornos han sido recientemente
considerados como parte del mismo espectro nosológico.
Pautas para el diagnóstico
a) El síntoma predominante es la presencia
de episodios repetidos de despertarse durante el sueño, que comienzan
con un grito de pánico y están caracterizados por una intensa
ansiedad, excitación motriz e hiperactividad vegetativa tal y
como taquicardia, taquipnea y sudoración.
b) Estos episodios repetidos de despertar tienen una duración
característica de uno a diez minutos. Por lo general se presentan
durante el primer tercio del sueño nocturno.
c) Hay una relativa ausencia de respuesta frente a los
intentos de otras personas para influir en el terror y de manera
casi constante a estos intentos suelen suceder unos minutos de
desorientación y movimientos perseverantes.
d) El recuerdo del acontecimiento, si es que hay alguno,
es mínimo (normalmente, una o dos imágenes mentales fragmentarias).
e) No hay evidencia de un trastorno somático, como un tumor
cerebral o una epilepsia.
F51.5 Pesadillas
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Las pesadillas son una experiencia onírica cargada de ansiedad
o de miedo. Los que las padecen tienen un recuerdo muy detallado
del contenido del sueño. Esta experiencia es muy vivida y suele
incluir temas que implican una amenaza para la supervivencia, la
seguridad o la estimación de sí mismo. Con mucha frecuencia en la
pesadilla suele repetirse un mismo tema o temas similares. Durante
un episodio típico de pesadillas se produce una cierta descarga
vegetativa, pero no hay vocalizaciones ni una actividad motriz apreciable.
Al despertarse el individuo alcanza rápidamente un estado de alerta
y de orientación aceptables. Su comunicación con los demás es adecuada
y por lo general puede proporcionar gran cantidad de detalles sobre
la experiencia del sueño, tanto inmediatamente después como a la
mañana siguiente.
En los niños no suelen existir trastornos psicológicos asociados
a las pesadillas, dado que cuando se presentan a estas edades tienen
normalmente relación con fases específicas del desarrollo emocional.
Por el contrario, los adultos con pesadillas presentan alteraciones
psicológicas importantes, normalmente en forma de trastornos de
personalidad. Además, el consumo de ciertas sustancias psicotropas,
tales como reserpina, tioridazina, antidepresivos tricíclicos y
benzodiacepinas, puede contribuir a la aparición de pesadillas.
Asimismo, la supresión brusca de fármacos hipnóticos no benzodiacepínicos
que suprimen el sueño REM (fase del sueño en la que se producen
los ensueños) puede potenciar la aparición de pesadillas por un
efecto de rebote.
Pautas para el diagnóstico
a) El despertar de un sueño nocturno
o de una siesta con recuerdos detallados y muy vividos de sueños
terroríficos, que normalmente implican una amenaza para la supervivencia,
la seguridad o la estimación de sí mismo. El despertar puede tener
lugar durante cualquier momento del período de sueño, aunque normalmente
tiene lugar durante la segunda mitad.
b) Una vez despierto, el individuo alcanza rápidamente
el estado de vigilia y se encuentra orientado y alerta.
c) Tanto la experiencia onírica en sí misma como la alteración
del sueño provocan gran malestar al enfermo.
Incluye: Trastorno de ansiedad del sueño.
F51.8
Otros trastornos no orgánicos del sueño
F51.9
Trastorno no orgánico del sueno sin especificación
Incluye:
Trastornos emocionales del sueño sin especificación.