Son trastornos en los que desde los primeros estadios del desarrollo
están deterioradas las formas normales del aprendizaje. El deterioro
no es únicamente consecuencia de la falta de oportunidades para
aprender, ni es la consecuencia de traumatismos o enfermedades cerebrales
adquiridos. Por el contrario, los trastornos surgen de alteraciones
de los procesos cognoscitivos, en gran parte secundarias a algún
tipo de disfunción biológica. Al igual que la mayoría del resto
de los trastornos del desarrollo, estas alteraciones son considerablemente
más frecuentes en varones que en mujeres.
Los trastornos específicos del desarrollo del aprendizaje escolar
abarcan grupos de trastornos que se manifiestan por déficits específicos
y significativos del aprendizaje escolar. Estos déficits del aprendizaje
no son la consecuencia directa de otros trastornos (como un retraso
mental, déficits neurológicos importantes, problemas visuales o
auditivos sin corregir o trastornos emocionales), aunque pueden
estar presentes. Los trastornos específicos del desarrollo del aprendizaje
escolar suelen presentarse acompañados de otros síndromes (tales
como trastornos de déficit de atención o trastornos específicos
del desarrollo del habla y el lenguaje).
Pautas para el diagnóstico
Primero, debe haber un deterioro clínicamente significativo del
rendimiento escolar específico, valorado a partir de la gravedad
definida por el nivel de escolaridad (por ejemplo, por el nivel
esperable en menos del tres por ciento de la población infantil
escolar), por la presencia de antecedentes (es decir si, las dificultades
escolares fueron precedidas en la edad preescolar por retrasos o
desviaciones del desarrollo, del habla o del lenguaje), por la presencia
de problemas concomitantes (déficits de atención, hipercinesia,
problemas emocionales o trastornos disociales), por formas o conjuntos
específicos de rasgos (es decir, por la presencia de anomalías cualitativas
que no suelen formar parte del desarrollo normal) y por la respuesta
a intervenciones concretas (las dificultades escolares no remiten
rápida y correctamente tras ayuda extra a la enseñanza en casa o
en el colegio).
Segundo, el déficit debe ser específico en el sentido de que no
sea explicable por un retraso mental o por déficits menores de la
inteligencia general. Debido a que el CI y el rendimiento escolar
no son exactamente paralelos, esta distinción sólo puede hacerse
teniendo en cuenta los tests de CI y de rendimiento, estandarizados,
aplicados de forma individual, que sean adecuados para la cultura
y el sistema educativo del niño. Estos tests deben ser empleados
junto con tablas estadísticas que faciliten datos sobre el nivel
medio de rendimiento esperado para un CI a cualquier edad cronológica.
Este último requisito es necesario por la importancia de los efectos
de la regresión estadística, por eso, es muy probable que los diagnósticos
basados en la sustracción de la edad de rendimiento de la edad mental
estén notablemente sesgados. Sin embargo, es poco probable que,
en la práctica clínica, la mayor parte de las veces se cumplan de
hecho estos requisitos y por lo tanto, la pauta clínica general
es simplemente que el nivel de rendimiento del niño sea considerablemente
más bajo que el esperado para su edad mental.
Tercero, el déficit debe ser precoz, en el sentido de que debe
haber estado presente desde el comienzo de la educación y no haber
sido adquirido con posterioridad. La historia del progreso escolar
del niño facilitará datos sobre este punto.
Cuarto, deben estar ausentes factores externos que pudieran justificar
suficientemente las dificultades escolares. Como se indicó más arriba,
el diagnóstico de los trastornos específicos del desarrollo del
aprendizaje escolar debe apoyarse en general en la presencia positiva
de un trastorno del rendimiento escolar clínicamente significativo
debido a factores intrínsecos del desarrollo del niño. Sin embargo,
para aprender con eficacia, los niños deben tener oportunidades
adecuadas. No obstante, si está claro que el bajo rendimiento escolar
se debe directamente a un absentismo escolar muy prolongado, sin
enseñanza en casa o a una educación totalmente inadecuada, los trastornos
no deben ser codificados aquí. Las ausencias frecuentes de la escuela
o la interrupción de la escolarización debidas a cambios en la escuela
normalmente no son suficientes para que se presente un retraso escolar
del grado necesario para el diagnóstico de los trastornos específicos
del desarrollo del aprendizaje escolar. Sin embargo, una escolarización
escasa puede complicar o aumentar el problema.
Por último, en quinto lugar, los trastornos específicos del desarrollo
del aprendizaje escolar no pueden deberse directamente a déficits
visuales o de audición no corregidos.
F81.0 Trastorno específico
de la lectura
![[Criterios DSM-IV]](../Images/dsmiv1.gif)
Déficit específico y significativo del desarrollo de la capacidad
de leer que no se explica por el nivel intelectual, por problemas
de agudeza visual o por una escolarización inadecuada. Pueden estar
afectadas la capacidad de comprensión de lectura, el reconocimiento
de palabras leídas, la capacidad de leer en voz alta y el rendimiento
en actividades que requieren leer. A menudo se presentan dificultades
de ortografía concomitantes con el trastorno específico de la lectura,
que suelen persistir durante la adolescencia, aun a pesar de que
se hayan conseguido progresos positivos. Los niños con trastornos
específicos de la lectura suelen tener antecedentes de trastornos
específicos del desarrollo del habla y del lenguaje y la evaluación
exhaustiva de cómo se utiliza el lenguaje, pone a menudo de manifiesto
otros problemas más finos. Además del fracaso escolar, suelen ser
complicaciones: las faltas de asistencia a la escuela y los problemas
de adaptación social, en especial en los últimos años de la escuela
elemental y secundaria. Este trastorno se presenta en todas las
lenguas conocidas, pero no hay certeza de si su frecuencia se ve
afectada o no por el tipo de estructura del lenguaje y de la escritura.
Pautas para el diagnóstico
El rendimiento de lectura del niño debe ser significativamente
inferior al nivel esperado de acuerdo a su edad, su inteligencia
general y su nivel escolar. El mejor modo de evaluar este rendimiento
es la aplicación de forma individual de tests estandarizados de
lectura y de precisión y comprensión de la lectura. La naturaleza
exacta del problema de lectura depende del nivel esperado de la
misma y del lenguaje y escritura. Sin embargo, en las fases tempranas
del aprendizaje de la escritura alfabética, pueden presentarse dificultades
para recitar el alfabeto, para hacer rimas simples, para denominar
correctamente las letras y para analizar o categorizar los sonidos
(a pesar de una agudeza auditiva normal). Más tarde pueden presentarse
errores en la lectura oral como por ejemplo:
a) Omisiones, sustituciones, distorsiones
o adiciones de palabras o partes de palabras.
b) Lentitud.
c) Falsos arranques, largas vacilaciones o pérdidas del sitio
del texto en el que se estaba leyendo.
d) Inversiones de palabras en frases o de letras dentro de
palabras.
También pueden presentarse déficits de la comprensión de la lectura,
como las siguientes:
e) Incapacidad de recordar lo leído.
f) Incapacidad de extraer conclusiones o inferencias del.
material leído.
g) El recurrir a los conocimientos generales, más que a la
información obtenida de una lectura concreta, para contestar a preguntas
sobre ella.
Es frecuente que en las etapas finales de la infancia y en la
edad adulta, las dificultades ortográficas sean más importantes
y de la lectura. Es característico que las dificultades ortográficas
impliquen a menudo errores fonéticos y parece que, tanto los problemas
de lectura como los ortográficos, pueden ser en parte consecuencia
de un deterioro de la capacidad de análisis fonológico.
Incluye:
Retraso específico de la lectura.
"Lectura en espejo".
Dislexia del desarrollo.
Disortografía asociada a trastornos de la lectura.
Excluye:
Alexia y dislexia adquirida (R48.0).
Dificultades adquiridas de lectura secundarias a trastornos de las
emociones (F93.-).
Trastorno de la ortografía no acompañado de dificultades para la
lectura (F81.1).
F81.1 Trastorno específico de la ortografía
Trastorno cuya característica principal es un déficit específico
y significativo del dominio de la ortografía en ausencia de antecedentes
de un trastorno específico de la lectura y que no es explicable
por un nivel intelectual bajo, por problemas de agudeza visual o
por una escolarización inadecuada. En este trastorno están afectadas
la capacidad de deletrear en voz alta y de escribir las palabras
correctamente. Los niños que presentan sólo problemas para la escritura
no se incluyen en esta categoría, pero en algunos casos las dificultades
ortográficas se acompañan de problemas de la escritura. A diferencia
de lo que normalmente se encuentra en los trastornos específicos
de la lectura, las faltas ortográficas tienden a ser correctas desde
un punto de vista fonético.
Pautas para el diagnóstico
El dominio que el niño tiene de la ortografía debe ser significativamente
inferior al nivel esperado para su edad, para su inteligencia general
y para su nivel escolar. El mejor modo de evaluar este trastorno
es la aplicación individual de un test estandarizado de ortografía.
La capacidad de lectura del niño (tanto en lo que respecta a la
exactitud como a la comprensión) deben estar dentro de los límites
normales y no debe haber antecedentes de dificultades significativas
de lectura. Las dificultades ortográficas no deben ser la consecuencia
de una enseñanza notoriamente inadecuada o de los efectos directos
de déficits funcionales visuales, auditivos o neurológicos y tampoco
deben de serlo de algún trastorno neurológico, psiquiátrico o de
otro tipo adquirido.
Aunque se sabe que un trastorno "puro" de la ortografía puede
diferenciarse de los trastornos de lectura que acompañan a las dificultades
ortográficas, se sabe poco sobre sus antecedentes, evolución, trastornos
relacionados y consecuencias.
Incluye:
Retraso específico de la ortografía (sin trastorno de la lectura).
Excluye:
Dificultades de ortografía atribuibles principalmente a una enseñanza
inadecuada (Z55.8).
Trastorno adquirido de la ortografía (R48.8).
Dificultades de la ortografía asociadas a trastornos de la lectura
(F81.0).
F81.2 Trastorno específico
del cálculo
![[Criterios DSM-IV]](../Images/dsmiv1.gif)
Trastorno caracterizado por una alteración específica de la capacidad
de aprendizaje de la aritmética, no explicable por un retraso mental
generalizado o por una escolaridad claramente inadecuada. El trastorno
afecta al aprendizaje de los conocimientos aritméticos básicos de
adición, sustracción, multiplicación y división (más que a los conocimientos
matemáticos más abstractos del álgebra, trigonometría o geometría).
Pautas para el diagnóstico
El dominio del cálculo aritmético está significativamente por
debajo del nivel esperado para su edad, para su inteligencia general
y para su nivel escolar. Este rendimiento se valora preferentemente
mediante la aplicación individual de test de cálculo aritmético
estandarizados. La capacidad de lecto-escritura y el CI deben estar
dentro de la media normal, evaluados ambos preferentemente mediante
la aplicación individual de tests adecuadamente estandarizados.
Las dificultades para el cálculo aritmético no tienen que deberse
a una enseñanza claramente inadecuada o a déficits funcionales visuales,
auditivos o neurológicos. Tampoco tienen que ser secuela de trastorno
neurológico, psiquiátrico o de otro tipo adquirido.
Los problemas para el cálculo aritmético son de diversos tipos
y comprenden: fracaso en la comprensión de los conceptos básicos
de las operaciones aritméticas específicas, falta de comprensión
de términos o signos matemáticos, no reconocimiento de símbolos
numéricos, dificultad en el manejo de las reglas aritméticas, dificultad
en comprender qué números son adecuados a un problema aritmético
concreto, dificultad para alinear adecuadamente números o para insertar
decimales o símbolos durante los cálculos, mala organización espacial
de los cálculos aritméticos y falta de capacidad para aprender satisfactoriamente
las tablas de multiplicar.
Incluye:
Trastorno del aprendizaje de la aritmética.
Síndrome del desarrollo de Gerstmann.
Acalculia y discalculia del desarrollo.
Excluye:
Dificultades aritméticas asociadas a trastornos de la lectura o
de la ortografía (F81.1).
Dificultades del cálculo principalmente atribuibles a una enseñanza
inadecuada (Z55.8).
Trastorno adquirido de la capacidad del cálculo (acalculia, R48.8)
F81 .3
Trastorno mixto del desarrollo del aprendizaje escolar
Están alterados de un modo significativo tanto el rendimiento
aritmético como el de lectura u ortografía y en la que la inteligencia
general está dentro del rango normal y no está presente una mala
enseñanza escolar. Esta categoría se utilizará para trastornos que
satisfagan las pautas de F81.2 además de las de F81.0 ó F81.1.
Excluye:
Trastorno específico de la lectura (F81.0).
Trastorno específico de la ortografía (F81.1).
Trastorno específico del cálculo (F81.2)
F81.8
Otros trastornos del desarrollo del aprendizaje escolar
Incluye: Trastorno del desarrollo de la expresión escrita.![[Criterios DSM-IV]](../Images/dsmiv1.gif)
F81.9
Trastorno del desarrollo del aprendizaje escolar sin especificación
![[Criterios DSM-IV]](../Images/dsmiv1.gif)
Trastornos sin especificar en los cuales hay una acusada dificultad
del aprendizaje que no puede atribuirse a retraso mental, problema
de agudeza visual o a una escolaridad inadecuada.
Incluye:
Dificultades de aprendizaje sin especificación.
Alteración del aprendizaje sin especificación.
Trastorno del aprendizaje sin especificación.